domingo, 20 de abril de 2008

EL arte de la memoria como la capacidad del intelecto que permite al ser humano poder discernir entre el bien y el mal, lo positivo y lo negativo, lo constructivo y lo destructivo y todas las categorías de contrarios que se puedan imaginar. Desde este punto de vista el autor considera especialmente significativas las categorías visuales -las visualizaciones- que producen visiones. Desde este apartado el autor cree sumamente importante establecer una división de referencias visuales que han configurado la cultura y el pensamiento occidental: por un lado estarían las visualizaciones griegas de carácter más pragmáticas que afectarían a la dimensión doctrinal y educativa y por otro lado las visiones judías directamente relacionadas con la mística de la contemplación de lo divino y de todo lo relacionado con los elementos que superan la comprensión de las categorías humanas.
La razón, el intelecto, el desarrollo de la capacidad de pensar con rigor serían los elementos que configurarían un extremo de la concepción filosófica de la cultura griega que encontraría en el otro extremo la necesidad de experiencias imaginarias, de la fantasía y de la videncia en estado puro la otra fórmula para encontrar el equilibrio sobre el que asentar los presupuestos conceptuales de una forma de ser y de pensar nuevas. El descubrimiento de la ciencia como parte del pensamiento en la cultura griega fue -y es- el momento más importante en donde el ser humano puso las bases para que tras ellos surgieran las ciencias, las letras, las artes y todas las concepciones filosóficas que llevaron al nacimiento de la sociedad. No olvidemos que para muchos la filosofía es la madre de todas las ciencias. El equilibrio de la razón a la luz de una y otra concepción es, para el autor, el resultado -reflejado en la actualidad- en las nuevas categorías de pensar y de ver la realidad.

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