domingo, 30 de marzo de 2008


Bruno aspiraba a convertirse en un mago.

No en un mago en el sentido ordinario del término, de esos que sacan un conejo de la chistera o hacen desaparecer un naipe entre los dedos, sino en un mago religioso. Aspiraba a practicar la magia de modo que le condujera a estados superiores de conciencia y conocimiento; de modo que dotara de alas a su creatividad y a su imaginación, que configurara su mente para operar sobre el mundo, cambiarlo, reinventarlo.

Ese propósito de auto transformación para conseguir estados superiores de conciencia (a través de la magia y del arte de la memoria) me pareció una empresa absolutamente fascinante.

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