miércoles, 18 de junio de 2008


Por lo tanto, el masón debe esforzarse en ejercitar el Arte de la Memoria como parte de su instrucción. Debe cultivar una nueva forma de dirigir vuestra mirada hacia los elementos que decoran este Taller. Cada uno de ellos debe evocarnos un concepto o palabra: su disposición no es fruto del azar sino encierra un significado que mucho tiene que ver con la visión masónica del mundo.

Este ejercicio debe comenzar por el estudio del cuadro de la logia que contiene las enseñanzas simbólicas más importantes del grado y que históricamente tiene su origen en el tapiz que a modo de mnemónico se colocaba en la sala que fuera a emplearse como taller cuando primitivamente no se disponía de un local donde de forma permanente se mantuvieran los símbolos instalados. Los emblemas eran en su origen trazados en el cuadro o incluso en el suelo antes de las tenidas y posteriormente borrados tras el cierre de trabajos. Porque el símbolo mnemónico no necesita de una forma física concreta, si bien es cierto que su complejidad y cierto antropomorfismo nos puede ayudar a generar de modo más eficaz la asociación. Por eso los emblemas masónicos resultan aún bellos al profano que, a pesar de no alcanzar a comprender lo que tras ellos se encierra, se ve abocado a que queden estos impresos en su memoria, aunque huérfanos del mundo platónico de hermosas ideas de los que no son más que meros reflejos.

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