miércoles, 29 de julio de 2015

fe en la voluntad del Padre Celeste, su paciencia para con los demás y la fuerza de su inteligencia

Y para lograrlo -desde mi corto conocimiento-, el
Maestro puso en movimiento un «motor principal» y «dos auxiliares»: su fe
en la voluntad del Padre Celeste, su paciencia para con los demás y la fuerza
de su inteligencia, concentrada como un láser en la resolución de los
problemas, uno a uno. Esta inteligente armonización de fe, tolerancia y sentido
práctico le permitiría «volar» -siempre como hombre- más alto, más lejos
y más veloz que nadie, sin atropellar y sin atropellarse.

Y predicando
con el ejemplo, no sólo se puso de nuevo al frente del negocio sino que, ante
la sorpresa de propios y extraños, aceptó con gusto participar en un ciclo
de discusiones filosóficas para jóvenes, organizado por el consejo de la sinagoga.
«El luto -respondía a los que criticaban su abierta actividad socialpesa
más en el recuerdo que en las maneras.»

Y estas periódicas reuniones
con la juventud de Nazaret le devolvieron parte del prestigio perdido a causa
de los

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