lunes, 31 de marzo de 2014

suplementos nootrópicos

¿DE VERDAD LAS ‘DROGAS INTELIGENTES’ NOS HARÁN MÁS INTELIGENTES O NOS ARRUINARÁN LA VIDA?


Imagen por Alex Horne
No es ninguna novedad que en la universidad la gente consume droga. En los últimos años, sin embargo, ha habido un aluvión de informes del Reino Unido y desde el otro lado del Atlánticoque sugieren que existe una creciente tendencia entre los estudiantes a pillar un subidón que les sirva como estímulo para hacer el trabajo, en lugar de dejarlo para última hora.
Hasta ahora, la mayoría de los medios de comunicación se habían centrado en el uso indebido que se hace de estas ‘drogas inteligentes’, ya que gran parte de las sustancias más populares —como Ritalin, Adderall y Modafinil— se crearon para combatir trastornos específicos, como el THDA o la narcolepsia. Sin embargo, el uso de suplementos que mejoran el rendimiento intelectual durante un periodo de tiempo prolongado también ha experimentado un crecimiento constante entre los adultos sanos, en contraposición al breve pero eficaz efecto que se obtiene consumiendo estos fármacos con receta.
Estos suplementos, denominados nootrópicos, comprenden desde las sustancias más mundanas (ginseng) hasta productos de nombres impronunciables (fenilalanina). Igual que ocurre con los medicamentos con receta, poco se sabe de los efectos secundarios que estas sustancias tienen a largo plazo.
No es fácil establecer una distinción clara entre los nootrópicos y otros fármacos potenciadores, pero si sois, como muchos otros, de los que comparten la opinión de John Harris —profesor de bioética en la Universidad de Manchester—, tampoco es que haga mucha falta marcar esa diferencia, para empezar. “Me interesan los fármacos potenciadores cognitivos”, nos explicó. “No me interesa hallar una definición de los nootrópicos”.
Por supuesto, no todo el mundo está de acuerdo. En 1964, Corneliu E. Giurgea, psicólogo y químico rumano, sintetizó el piracetam, el primer nootrópico, para lo cual estableció una serie muy precisa de criterios. Para Giurgea, los nootrópicos deben potenciar la capacidad de aprendizaje, mejorar la coordinación entre los hemisferios del cerebro y favorecer los procesos ejecutivos (planificación, atención y percepción espacial). Y lo que es muy importante: estas sustancias no deben ser tóxicas ni adictivas.
Debido a la gran variedad de suplementos clasificados como nootrópicos, no existe forma alguna de explicar su funcionamiento. En términos generales, los nootrópicos actúan alterando el suministro de sustancias neuroquímicas, enzimas u hormonas del cerebro. El piracetam de Giurgea, por ejemplo, mejora la memoria del que lo consume al alterar los niveles del neurotransmisor acetilcolina, que, a su vez, afecta a la plasticidad sináptica del cerebro (la medida en la que todas las estructuras cerebrales, y el cerebro mismo, pueden variar a partir de las experiencias). Sabemos que nuestros recuerdos se componen de matrices sinápticas complejas, y nuestra capacidad para acceder a ellas tiene que ver con la medida en que estas están interrelacionadas. Mejorar la plasticidad, por tanto, favorece las conexiones sinápticas.
En los dos últimos años han aparecido tres de las distribuidoras más conocidas del Reino Unido (nootropics.co.uk, intellimeds.co.uk y smartnootropics.co.uk), lo que pone de manifiesto la creciente popularidad de los nootrópicos. Sin embargo, hace años que se conocen los beneficios que aportan algunas de las sustancias utilizadas para elaborar nootrópicos. Todos sabemos lo bueno que es la cafeína, por ejemplo, para aumentar el rendimiento. Las propiedades potenciadoras del aceite de pescado se han alabado desde hace tanto que ya nadie lo recuerda (con o sin la ayuda de nootrópicos). Por esa razón, tanto la cafeína como el aceite de pescado a menudo constituyen la base de muchos cócteles nootrópicos.
Imagen por Johnny Mellor
Sean Duke es un neurocirujano estadounidense especializado en diseñar estos cócteles. Se refiere a los usuarios de nootrópicos como “nootnautas” y asegura que son “el equivalente intelectual a culturistas”. Nootnautas de todo el mundo se reúnen en el subreddit de nootrópicos —y en otros foros online— para compartir sus obsesiones sobre dietas de fármacos y optimización de dosis, y presumen de músculo cerebral.
De los humanos, Duke dice: “Todos somos nootnautas, solo que algunos lo somos más que otros”. Esta máxima ha sido cierta durante toda la historia. Los grandes avances en nuestra evolución han sido propiciados por ajustes en la dieta. Hace 2,3 millones de años, nuestro cerebro creció cuando empezamos a comer carne. Luego, un millón de años más tarde,nuestra capacidad para cocinar alimentos favoreció el surgimiento del Homo Erectus, nuestro ancestro más próximo, que desarrolló un sistema digestivo un 20 por ciento menor y un cerebro un 20 por ciento mayor que los de sus predecesores.
Durante la década de 1950, Gran Bretaña y los EUA llevaron a cabo experimentos con tecnología psicotrópica para fines militares. Uno de los proyectos más perversos, MKUltra, investigaba los efectos de las sustancias psicotrópicas, la terapia de choque y la hipnosis en los sujetos de estudio, algunos de los cuales se habían presentado voluntariamente, pero otros, no. Los científicos pretendían que los sujetos toleraran mejor la tortura y que fueran más propensos a decir la verdad, así como “mejorar su actividad mental y su percepción”. Sin embargo, les salió el tiro por la culata, y los intentos de la agencia por controlar la mente humana tuvieron resultados muy contraproducentes.
Ken Kesey y Robert Hunter eran dos voluntarios para el experimento MKUltra en el Hospital de Veteranos de Menlo Park, un sanatorio mental de California. Kesey tuvo oportunidad de hablar con los pacientes y llegó a la conclusión de que, más que locos, eran personas marginadas socialmente. Sus experiencias le impulsaron a escribir la novela Alguien voló sobre el nido del cuco. Posteriormente, Hunter pasó a formar parte de Grateful Dead, y se dice que cuando escribió la letra de “China Cat Sunflower”, estaba bajo los efectos del experimento MKUltra.
Ambos desempeñaron un papel fundamental en lo que posiblemente haya sido el mayor movimiento cultural del siglo XX, un movimiento que abogaba por el uso de drogas psicodélicas por su capacidad de ampliar horizontes y generar un nuevo tipo de sociedad.
Imagen por John Mellor
Timothy Leary, íntimo amigo de Kesey, abordó la expansión de la conciencia desde un punto de vista científico. En 1964, publicó The Psychedelic Experience, que establecía un marco práctico para la experimentación con sustancias alucinógenas. Ese mismo año, en Rumanía, Giurgea publicó Fundamentos para la farmacología de la mente, donde afirmaba: “El hombre no va a esperar millones de años pasivamente a que la evolución le ofrezca un cerebro mejor”.
A ojos de la comunidad científica, la pasión de Leary por el tema hizo que pasara de científico imparcial a ser un evangelista. No obstante, la obra de Giurgea se convirtió en un campo de investigación notable.
Los estudios han demostrado de forma reiterada los beneficios prácticos de los nootrópicos, pero su impacto en la sociedad ha sido menos explosivos que la obra de Leary. Ello se debe, en parte, a que la eficacia de los nootrópicos depende de la neuroquímica de cada individuo, estrechamente vinculada al peso, los patrones de sueño e incluso el estado de ánimo, por lo que los resultados pueden variar mucho.
Con el tiempo, Leary empezó a interesarse más por la tecnología que por las drogas. En una ocasión afirmó que “los ordenadores personales son el LSD de los 90” y fue precursor del movimiento que dio en llamarse cyberpunk. Muchos simpatizantes de esta subcultura empezaron a trabajar en Silicon Valley y a partir de ese momento se inició la era de la información.
En 2010, el Director Ejecutivo de Google, Eric Schmidt, dijo: “La información existente desde el principio de los tiempos hasta el 2003 cabe en cinco exabytes, pero hoy en día, esa misma cantidad de información se crea cada dos días”. La prueba de que su afirmación era incorrecta no tardó en darse a conocer, pero sirve para ilustrar que vivimos en un mundo con una cantidad de información abrumadora. Ahora se supone que debemos enfrentarnos a la ingente cantidad de datos que nos llueven de todas partes, y nuestra respuesta natural a esto no ha sido la apropiada.
Imagen por Alex Horne
A pesar de nuestra ineptitud para manejar este volumen de datos, en muchos aspectos de nuestra vida, cada vez con más frecuencia se nos trata como si fuésemos procesadores de información. Objetivos de rendimiento, tasas de eficiencia y márgenes de error calculados son algunos de los parámetros en los que nos movemos. En la educación, incluso los temas más abstractos y alternativos se reducen a meros ejercicios de memorización. Asimismo, en un intento de planificar y organizar la sociedad, recibimos la consideración de máquinas predecibles. A diferencia de la visión de Leary, en la que las máquinas nos liberan, nosotros mismos estamos convirtiéndonos en máquinas.
La tecnología ponible, como las Google Glass, representa la extensión lógica de este concepto, en el que se difumina la distinción entre el dispositivo y su portador. Nos sigue proporcionando información de forma continuada. Pero ¿podemos adaptarnos a este tipo de existencia? Quizá los nootrópicos sean de ayuda para ello.
Podrían considerarse las drogas inteligentes como la llave que permite liberar todo nuestro potencial en los estrechos confines de una sociedad muy dependiente de la tecnología. En un artículo del Daily Mail, por ejemplo, “James” —un estudiante de Cambridge— afirma que, al tomar Modafinil, “tu cerebro funciona de forma parecida a la de un ordenador procesando información”. Si bien los nootrópicos siguen estando en un limbo legal, John Harris considera que son fundamentales para el futuro de la educación: “Incluso es posible que se suministren a todos los alumnos como norma”, afirmó.
La realidad, no obstante, es que no somos procesadores de información, y no es posible comprender toda la complejidad del cerebro humano desde el punto de vista químico. Duke dijo: “Si solo fuésemos sustancias químicas, ¿cómo se explica el libre albedrío? Nuestra capacidad para decidir libremente escapa de las estrictas limitaciones de la química”. Al final, el libre albedrío es más poderoso que nuestra composición química. La plasticidad cerebral que propicia el piracetam no deja de estar guiada de forma consciente cada vez que tomamos una decisión.
Por tanto, aunque las drogas inteligentes pueden suponer ciertas ventajas en un mundo en el que el procesamiento del poder es un pilar básico, verlas como una cura universal conlleva el riesgo de reducir al ser humano a la condición de autómata. Según Duke: “el debate sobre si estas drogas son evolutivas o involutivas sigue en la mesa. ¿Hasta qué punto controlamos nuestro cerebro para establecer conexiones que no pueden retomarse sin la ayuda de los nootrópicos? No conocemos la respuesta, y no sé si la conoceremos alguna vez”. Con ello se refiere a que, si empezamos a suministrar potenciadores cognitivos a los niños, podríamos estar limitando sus futuras capacidades y dando prioridad a su funcionalidad en detrimento de la creatividad y la individualidad.
William Gibson, otro famoso cyberpunk, dijo una vez: “Las tecnologías son neutrales desde el punto de vista neutral hasta que las aplicamos”. Son muchos los nootnautas que ya están potenciando sus vidas con suplementos, pero si estas sustancias llegaran a normalizarse, ¿qué es más probable? ¿Que nos convirtiéramos en una sociedad plagada de expertos intelectuales? ¿O que nuestra capacidad de rendimiento aumentada nos lleve a asumir una mayor carga de trabajo?
Tener un smartphone es como llevar la oficina siempre a cuestas. Las drogas inteligentes serían el equivalente a llevar la oficina en la cabeza a todas horas, lo cual es bastante jodido.

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