jueves, 4 de junio de 2015

La capacidad para transformar conductas sociales que tienen los grandes productos culturales como las series, películas y obras intelectuales varias: ¿Cuánto para que la sociedad en conjunto apoyara el matrimonio igualitario?

  1. el problema del feminismo como ideología política es que tiene todos los vicios de una forma de procesar la política propia del siglo XX. Lo mismo, aclaro, puede decirse del comunismo, el anticolonialismo, el fascismo, y liberalismo clásicos. Creen, por ejemplo, en el efecto arquitectónico de la ley y, a partir de eso, traducen sus demandas. No es equivocado cuando lo que se busca es eliminar exclusiones (¿puede la mujer integrar las filas del ejército, por ej.?) pero falla al momento de ‘promover’ la igualdad. Asimismo, esta forma de comprender la interacción en sociedades occidentales avanzadas pasa por alto un hecho pequeño, minúsculo, de los últimos 20 años, la emergencia de la comunicación global y la capacidad para transformar conductas sociales que tienen los grandes productos culturales como las series, películas y obras intelectuales varias. Asimismo, la globalización creó una serie de organismos internacionales que tienen un poder de agencia notable, y afectan las agendas públicas y la percepción pública sobre ciertos temas de forma también, ejemplar. Ejemplos sencillos. ¿Cuánto tiempo fue necesario para que aumente la tolerancia hacia los homosexuales? ¿Cuánto para que la sociedad en conjunto apoyara el matrimonio igualitario? ¿Cuánto tiempo fue necesario para que, globalmente, se apoye, en mayor o menor medida, la legalización de estupefacientes considerados tabú? ¿Cuánto para la planificación familiar? ¿Cuánto para legitimar hogares monoparentales? ¿Cuánto para respetar el divorcio? Sorprendería cuán poco tiempo. Me adelanto a algunas respuestas. Entre 20 y 30 años, en ese período se produjo una convergencia de consensos sociales sobre tópicos que en los 10 mil años anteriores de la humanidad (civilizada y autoritaria, claro) fueron visto, o considerados, de manera opuesta. De modo similar ha ocurrido con la subordinación de la mujer. Quiero adelantar que discrepo totalmente con estadísticas forjadas, por ejemplo, en Argentina, país de 40 millones de hb., el feminismo afirma que 500 mil mujeres mueren al año a causa de abortos en condiciones precarias. No hay que ser Nash para ver que ese cálculo se nos agota rápido. En cuatro años, incorporando el crecimiento vegetativo de la población, desaparecerían el 20 % de las mujeres sexualmente activas. De modo similar ocurre con estas estadísticas de salarios. Tal vez serían más confiables si dijeran “el total de horas trabajadas es desventajoso para la mujer, porque el hombre puede trabajar muchas más horas’ y sería un poco más correcto, porque a los hombres se los emplea en lugares como la construcción y los espacios laborales donde el estereotipo afirma que se debe tener fuerza y que sólo los hombres tienen fuerza. Sin embargo es necesario enfatizar que los trabajos relacionados a la construcción emplean a la mano de obra menos calificada y que, en países como Argentina, se implementaron políticas de beneficios sociales que se liquidan en cabeza de la mujer jefa de familia, no del hombre, con lo que se ha contrarrestado la ausencia de equilibrio en los ingresos de los hogares. No existe, acá en Argentina, empleo público donde se excluya por motivo de género. Sí se excluye por motivos religiosos, y hay una notable presión social, sí, para que mujeres y hombres nos casemos y tengamos hijos. Cada vez que una feminista se ‘contenta’ con que una mujer llegue a un puesto de jerarquía, sin analizar, justamente, como propone, sistémicamente, el problema de la desigualdad, yo pienso en todos los muertos que produjo Condoleeza Rize en su cargo de Secretaria de Estado, Angela Merkel como primer ministro de Alemania. Y es que no son unas hijas de puta por ser mujeres, sino por ser ellas, individualmente, seres deleznables No me cabe ninguna duda, en política hay un sistema que promueve que sólo quienes tienen rasgos de ambigüedad ética marcados lleguen al poder. No me parece aceptable de parte de ninguna ideología que un x sistema sea legitimado porque quien ocupe un cargo de jerarquía sea mujer, o cualquier otra minoría. En síntesis. Deben actualizar la agenda. Y sí creo que no puede seguir llamándose feminismo un movimiento que afirma luchar por la destrucción de los estereotipos sexuales y de género de todos. Es como sostener que el nazismo liberará a la humanidad cuando logre persuadirla de que, en realidad, debe ser esclava de los arios. Entonces ‘el nazismo beneficia a todos’. Fuera del ad hitlerum, veo similar comportamiento en algunos defensores de animales, quienes sostienen que las violencias que sufren los caballos o elefantes acarreando carreta debe eliminarse para liberar también al cuentapropista que vive de su transporte. Es como mínimo, rebuscado, claro, si no se piensa en cómo liberar al jinete de la miseria que lo obliga a usar a su caballo como un esclavo. En este caso, sospecho de un feminismo que reclama para sí el mote de universal y no lucha para abolir las cárceles, criticar los ejércitos y las fuerzas de seguridad en general y sacar a los vagabundos de las calles. Porque en esas tres categorías, no hay diferencias porcentuales, la brutal mayoría somos hombres. Si sólo buscara equilibrar las edades de jubilación y otorgar licencias prolongadas de paternidad, tal vez, no exigiría demases, pero ni eso intentan. No ‘señoritas’, los hombres, en relación a los estereotipos de género, somos tan minoría como las mujeres. Excepto claro, que no sólo seas hombre, sino blanco y clase alta. Ahí no por hombre, sino por privilegiado, puedes vivir abstracto del derecho
  2. Miguel

    Hola, tengo 29 años y llevo cinco conviviendo con la misma chica. Hace tiempo que venimos dándole vueltas a lo cotidiano desde la perspectiva de género. Mi conclusión, a veces compartida con mi compañera, es que el feminismo necesita incorporar a los hombres a su proceso de transformación para acelerar el proceso de cambio.
    Mi aporte, sobre todo a los hombres, en especial a aquellos que se sienten excluidos de la ideología feminista, es que reflexionen, desde un masculinimismo, sosegado e integrador, para detectar los daños que sufrimos por no subvertir el patriarcado y sus estereotipos. Los valores masculinos tradicionales nos añaden una presión absurda, que nos encasilla en roles que muchas veces no queremos ni sabemos cumplir. Tenemos que repensar que entendemos por ser hombres y yo propongo unas ideas de mí persona.
    – No soy ni quiero ser más resolutivo que mi pareja.
    – No soy ni quiero ser más agresivo que mi pareja.
    – No soy ni quiero ser más impulsivo que mi pareja.
    – Puedo ser igual o más emotivo y sensible que mi pareja.
    – Puedo ser igual o más dubitativo que mi pareja.
    – Puedo y quiero vivir mi sexualidad con dignidad. Evitar conductas exhibicionistas y groseras.
    – No quiero estar al cuidado de ninguna mujer, porque soy adulto y se valerme por mi mismo.
    Son solo algunos ejemplos, pero el masculinismo bien intencionado se me hace indispensable para que los hombres feministas desarticulemos el machismo con nuestras propias herramientas. Y tengamos también espacios, compartidos con mujeres o no, para diferenciar el feminismo del hembrismo.
    Creo que hay una gran ventana de oportunidad para repensar como colectivo la identidad masculina y soltar el lastre histórico que venimos arrastrando como hombres, colaborando, en lo posible, con la liberación que llevan a cabo algunas mujeres valientes.

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