viernes, 31 de julio de 2015

Dios va a invadirnos

Dios va a invadirnos, es verdad, pero, ¿de qué servirá decir
entonces que estáis de Su lado, cuando veáis que el universo natural se difumina a
vuestro alrededor como un sueño, y que algo más —algo que os hubiera sido imposible
concebir— aparece de pronto; algo tan hermoso para algunos y tan terrible para otros
que ninguno de nosotros tendrá la posibilidad de elegir? Pues esta vez será Dios sin su
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disfraz; algo tan sobrecogedor que inspirará o un amor irresistible o un odio irresistible a
todas las criaturas. Entonces será demasiado tarde para elegir un bando u otro. No
sirve de nada decir que elegís permanecer acostados cuando se ha hecho imposible
que estéis de pie. No será ese el momento de elegir. Será el momento en que
descubramos qué bando habíamos elegido realmente, nos hayamos dado cuenta antes
o no. Hoy, ahora, en este momento tenemos la posibilidad de elegir el bando adecuado.
Dios está esperando para darnos esa posibilidad. Pero Su espera no durará para
siempre. Debemos aceptarlo o rechazarlo.
LIBRO III
EL COMPORTAMIENTO CRISTIANO
1. Las tres partes de la moral
Hay una historia acerca de un escolar a quien se le preguntó cómo pensaba que era
Dios. El contestó que, a su parecer, Dios era «la clase de persona que siempre está
espiando a ver si la gente se divierte y entonces intenta impedírselo». Y me temo que
esa es la idea que la palabra «moralidad» inspira a gran número de personas: algo que
interfiere, algo que nos impide pasarlo bien. En realidad, las reglas morales son
instrucciones para el funcionamiento de la máquina humana. Toda regla moral está ahí
para impedir un desperfecto, un esfuerzo desmedido o una fricción en el funcionamiento
de esa máquina. Por eso al principio estas reglas parecen estar interfiriendo
instantemente con nuestras inclinaciones naturales. Cuando se nos enseña a utilizar
una máquina, el instructor no deja de decir: «No, no lo hagáis así», porque,
naturalmente, hay toda clase de cosas que creemos que están bien y que nos parecen
la manera más natural de tratar una máquina, pero que en realidad no funcionan.
Algunos prefieren hablar de «ideales» morales antes que de reglas morales, y de
«idealismo

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