lunes, 8 de marzo de 2010

¡Cuidado! El dolor físico se contagia


¡Cuidado! El dolor físico se contagia

No es una metáfora. El ser humano es capaz, literalmente, de sentir en carne propia el dolor ajeno. Así lo establecen las últimas investigaciones científicas que han analizado cómo reacciona el cerebro al observar imágenes dolorosas.

POR RICARDO ACEVEDO - 07/03/2010 - 15:20
Hay quienes dicen que tienen la capacidad de ponerse en los "zapatos del otro" y que entienden lo que puede sentir una persona cuando pasa por una situación de dolor físico. Y hay, claro, los que al escucharlos zanjan el tema con un definitivo "son unos exagerados". ¿De qué lado está usted?... Antes que conteste, una sugerencia: apueste por el primer grupo.
Las últimas investigaciones, centradas en la dimensión social del dolor, sugieren que -de manera inconsciente- todos tenemos la capacidad efectiva de experimentar el dolor ajeno. De hecho, se ha comprobado que el simple hecho de observar imágenes de otros en situaciones de dolor físico pone en funcionamiento las mismas áreas cerebrales que se activan cuando es uno quien sufre. 
Si bien hasta ahora se creía que la empatía del dolor sólo podía ser experimentada en la esfera emocional,  mediante el estudio de imágenes cerebrales los científicos han podido develar que va mucho más allá, llegando hasta el punto de despertar "sensaciones" en la parte del cuerpo que vemos sufrir. Esta capacidad para experimentar directamente el dolor de los demás sería una adaptación evolutiva fundamental para fortalecer los vínculos sociales humanos. 
ESTUDIOS DEL CEREBRO
Un estudio reciente realizado en Gran Bretaña demuestra esta situación de manera fehaciente. Un grupo de científicos de la Escuela de Psicología de la Universidad de Birmingham mostró a más de 100 personas, fotografías y videos de sujetos que sufrían diversas clases de dolor físico. Entre las imágenes, por ejemplo, había un futbolista al que se le fracturó la pierna, un jugador de tenis con un codo dislocado y personas recibiendo una inyección, entre otras imágenes de dolor "explícito".
¿Resultado? El total de los participantes en el estudio dijo sentir algún tipo de reacción emocional, como tristeza o miedo, pero hasta ahí ninguna novedad. La sorpresa vino cuando los investigadores descubrieron que un tercio de los participantes experimentó un dolor real ubicado en el mismo lugar del cuerpo que la persona que estaba sufriendo en las imágenes. 
Al preguntar por las sensaciones, la mayoría dijo sentir una suerte de "hormigueo", en tanto que otros experimentaron la sensación de latidos o pesadez. "Una reacción sicosomática", fue lo que pensaron los expertos, pero tras realizar una prueba de resonancia magnética en los cerebros de los sujetos comprobaron que el dolor era real: las áreas relacionadas con el dolor físico se encendían, especialmente en quienes habían manifestado mayor sensibilidad en la prueba fotográfica. 
Igual conclusión obtuvieron expertos del Laboratorio de Neurociencia Cognitiva y Social de la U. de Washington (EE.UU.), que realizaron una prueba similar usando fotografías y cuyos resultados dieron a conocer en la revista NeuroImage.  Los dos componentes principales del circuito neuronal que participa en el procesamiento del dolor, la corteza cingulada anterior y la ínsula anterior, se activan en los sujetos que ven imágenes de dolor. Los científicos concluyen en este estudio que este mecanismo sería fundamental para el desarrollo de conductas prosociales en el ser humano, como la ayuda o el consuelo. 
LA MEMORIA DEL DOLOR
El neurólogo Carlos Aguilera, académico de la U. Mayor, explica que este fenómeno ocurre porque todos tenemos una memoria del dolor: cuando nos vacunaron, cuando nos hemos fracturado, etc. Entonces, cuando percibimos el dolor ajeno éste hace que aparezca nuestro recuerdo doloroso, que logra que simpaticemos con lo que le pasa al otro sintiendo algo extraño en el mismo lugar. 
Así, todos estos estudios entregan evidencia convincente de que el ser humano no sólo puede compartir la carga emocional de una lesión, sino también un fuerte empatía capaz de desencadenar reacciones cerebrales que afectan de manera directa a los músculos. 
Los investigadores creen que estos hallazgos también podrían explicar porque muchas personas evitan ver películas de terror, imágenes de sangre o accidentes: inconscientemente no quieren compartir ese dolor. Todos ellos tienen ahora una razón más sólida para hacerlo. 

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