jueves, 25 de febrero de 2010

Los chicos de la bancarrota Paul Krugman

Los chicos de la bancarrota

Paul Krugman OK, la bestia está hambrienta. ¿Y ahora qué? Esa es la pregunta que enfrentan los republicanos. Pero ellos están renuentes a responder, o incluso comprometerse en cualquier discusión seria sobre qué es lo que hay que hacer.

Para los lectores que no saben de qué estoy hablando: incluso desde la época de Reagan, los republicanos han estado regidos por personas que quieren un gobierno mucho más pequeño. En las famosas palabras del activista Grover Norquist, los conservadores quieren reducir al gobierno "hasta el punto en que puedan ahogarlo en la bañera".

Pero siempre ha habido un problema político con esta agenda. Los votantes pueden decir que se oponen a los gobiernos grandes, pero los programas que actualmente dominan el gasto federal -Medicare, Medicaid y la seguridad social- son muy populares. De manera que, ¿cómo la gente podría ser persuadida de aceptar grandes recortes de gasto?

La respuesta conservadora durante la era Reagan, que evolucionó a fines de los 70, podría ser apodada "alimenten a la bestia". Esta idea -propuesta por numerosos miembros de la "intelligentsia" conservadora, desde Alan Greenspan hasta Irvingt Kristol- básicamente consiste en que políticos simpatéticos deben enganchar en un juego de tirar la carnada y recoger.

Y llega el déficit

Más que proponer recortes impopulares, los republicanos presionarán a través de recortes populares de impuestos, con la intención deliberada de empeorar la posición fiscal del gobierno. Luego los recortes en los gastos serán vendidos más bien como una necesidad antes que una opción, como única manera de eliminar un déficit fiscal insostenible.

Y el déficit llega. Ciertamente, más de la mitad del déficit fiscal de este año es resultado de la Gran Recesión, el cual ha deprimido los ingresos y requiere una inyección temporal en el gasto para contener el daño. Pero incluso cuando la crisis acabe, el presupuesto seguirá profundamente hundido en números rojos, principalmente como resultado de los recortes de impuestos en la era Bush (y en las guerras infundadas de la era Bush). Y la combinación de una población que está envejeciendo con un alza en los costos de salud, a menos que algo se haga, llevarán a un explosivo crecimiento de la deuda después de 2020.
De manera que la bestia está hambrienta, como estaba planeado. Sería tiempo, entonces, que los republicanos explicaran qué parte de la bestia quieren recortar. Y el Presidente Obama, de hecho, los ha invitado a hacer precisamente eso, llamando a una comisión bipartita sobre el déficit.
Muchos progresistas estaban profundamente preocupados por esta propuesta, temiendo que pudiera volverse una suerte de caballo de Troya, en particular que la comisión pudiera terminar reviviendo la vieja meta republicana de minar la seguridad social. Pero no tienen necesidad de preocuparse: los senadores republicanos votaron abrumadoramente en contra de la ley que habría creado una comisión con algún grado de poder, y es poco probable que cualquier cosa significativa saldrá de una comisión más débil que Obama estableció por mandato ejecutivo.
El dilema republicano
¿Por qué los republicanos están renuentes a sentarse y conversar? Porque ellos estarían forzados a ofrecer algo o callar. Dado que ellos son inflexiblemente contrarios a reducir el déficit con alzas de impuestos, tendrían que explicar qué tipo de gasto quisieran recortar. Y adivine qué: después de tres décadas preparando este momento, aún no están deseosos de hacerlo.
De hecho, los conservadores se han alejado del recorte de gastos que ellos propusieron en el pasado. Durante los años '90, por ejemplo, los republicanos en el Congreso trataron de forzar profundos recortes en el programa Medicare. Pero ahora se han opuesto a cualquier esfuerzo por gastar los fondos de este programa de manera más sabia como objetivo de su campaña en contra de la reforma de la salud.
¿Y qué hay de la seguridad social? Hace cinco años, la administración Bush propuso limitar los pagos futuros a los trabajadores de ingresos medios y altos, que en efecto implicó el retiro de beneficios. Pero en diciembre, la página editorial del periódico The Wall Street Journal denunció esas estimaciones porque los votantes de ingresos medios y altos (por ejemplo, republicanos) obtendrían menos de lo que se les prometió en retorno de una vida pagando impuestos" (vaya, ¿desde cuándo los conservadores abiertamente admiten que el Republicano es el partido de los opulentos?).
En este punto, entonces, los republicanos insisten en que el déficit debe ser eliminado, pero no están dispuestos ni a elevar los impuestos ni a apoyar recortes en cualquier programa importante de gobierno.
Y tampoco están dispuestos a participar en cualquier discusión bipartita seria, porque ello los forzaría a explicar su plan, y no hay ningún plan, excepto volver al poder.
Pero hay algo de lógica en la actual postura de los republicanos: en efecto, el partido está apostando por alimentar a la bestia. Privar al gobierno de ingresos no fue suficiente para obligar a los políticos a desmantelar el estado de bienestar. Así es que ahora la estrategia de facto es oponerse a cualquier medida responsable hasta que estemos en medio de una catástrofe fiscal. Recuerde que usted lo leyó aquí primero.
Los republicanos insisten en que el déficit debe ser eliminado, pero no están dispuestos ni a elevar los impuestos ni a apoyar recortes.
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Premio Nobel de Economía. Columna publicada por The New York Times
 

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