domingo, 28 de febrero de 2010

Giordano Bruno

Se nos hablará también de Benito de Espinosa, por cierto menos que de Descartes, pero se olvida a Giordano Bruno, ¿por qué? Giordano Bruno es el gran censurado en todas la historias de la Filosofía. Copérnico y Kepler daban seguridad al hombre que descubre las limitaciones de la visión aristotélico-escolástica del mundo y de la vida, pero Giordano no. Giordano Bruno –lo diré yo mismo– es, junto a Baruch Spinoza, una anomalía salvaje en la razón científica y filosófica: el universo es infinito, y la unidad cósmica se despliega. La inquisición, esta vez no perdona, lo condena y lo ejecuta ¿con fuego purificador? No hay verdad revelada, sea religiosa, artística o filosófica que pueda admitir la existencia de otros mundos... ¡y que puedan estar habitados! Y sin embargo Giordano Bruno todavía ofrecía cierta seguridad en el ánimo de los mortales, pues mientras todos los mundos son corruptibles y perecederos, el universo cósmico en su totalidad es eterno e inmóvil, dado que, según G. Bruno, no hay nada fuera de él, sino que él mismo es la totalidad del ser. La religión y la filosofía no podía tolerar que Dios, un Dios infinito, no pudiera estar fuera del mundo, sino dentro de él. La Filosofía recurre siempre a la Historia de la Filosofía para dar una falsa seguridad a los hombres.

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