jueves, 26 de junio de 2008

extraído de GIORDANO BRUNO

M.J: Muy buenas noches Sr.Bruno. Ante todo muchas gracias por acceder a esta entrevista. Ese olor a quemado y el humo que le acompaña constantemente, ¿no le resultan algo molestos?
BRUNO:Bueno, desde aquel 17 de febrero de 1600 en que fui quemado en la hoguera en Campo dei Fiori, Roma, vengo arrastrando estas consecuencias, pero, creame, yo ya estoy acostumbrado.
M.J:Bien, cuentenos algo sobre su vida, su infancia...

BRUNO:Nací en 1548 en la ciudad de Nola, Napoles y mi nombre real es Filippo Bruno. Lo cambié al entrar en la orden dominicana, a la edad de 17 años, por Giordano.
A los catorce años fui a estudiar a Napoles donde me especialice en humanidades y dialéctica. Más tarde, en 1565, cuando contaba con 17, como ya he dicho, ingresé en la Orden de los dominicos donde estudie filosofía y la teología de Tomás de Aquino.


M.J:Tengo entendido que allí tuvo ya ciertos problemas .

BRUNO:Si, no era partidario a las imágenes de los santos, solo profesaba mi fe a Dios y tan solo necesitaba un crucifijo. A ellos esto les pareció una herejía y me procesaron por ello en 1566, con tan solo 18 años.


M.J:¿Aun así se ordeno como sacerdote?


BRUNO:Efectivamente, en 1572 fui ordenado sacerdote dominico en Salermo y en 1575 me otorgaron el titulo de Doctor en Teología


M.J:Pero siguió teniendo problemas?


BRUNO:Tuve que abandonar la orden por diversas acusaciones y huir a Roma, allí me aislé en el Convento de Santa Maria pero ni así pude estar tranquilo.

M.J:Durante su estancia allí se rumorea que tiró al río Tiber a un hermano de la Orden.


BRUNO:Falsos rumores como todos los demás. Falsas acusaciones que me llevaron a mi trágico final. Después de esto estuve viajando por Italia y Francia, hasta que, harto de tanta falsedad, abandone los hábitos en Ginebra. Allí descubrí otra manera de tratar la religión. Calvino tenía una república protestante y me gustó su doctrina.


M.J:Pero su carácter no es nada conformista y siempre tiene que poner su toque en todo, no es así?


BRUNO:Bueno, no puedo estar conforme con todo y tampoco soy capaz de callarme muchas cosas. Calvino era un inculto y me di cuenta que su doctrina era contraria a la libertad intelectual, así que me fui de Ginebra y me aleje de ellos.

-M.J: Aunque no estuviera ud. de acuerdo con las ideas de Calvino, tampoco era necesario publicar esos panfletos en los que le acusaba de cometer 20 errores en una lectura. Nadie es perfecto y eso tampoco es un crimen.


-BRUNO:Bien me lo hicieron pagar por ello. Fui encarcelado hasta que me obligaron a retractarme de ello.Pero (entre nosotros) lo volvería a hacer.

-M.J:Y, una vez que se fue de Ginebra, como le fueron las cosas?


-BRUNO:Pasé una buena temporada. Fui a París donde Enrique III me acepto como profesor de la Universidad. Allí publique mis dos primeras obras: “Las Ideas Humanas” y “Cantos Circenses”.Luego, en 1583 fui a Inglaterra y me nombraron secretario del embajador francés, Michel de Castenau.


-M.J:Pero otra vez su carácter le trajo complicaciones en Oxford...


BRUNO:En Oxford enseñé la nueva cosmología coperniana, las ideas tradicionales estaban muy anticuadas, pero ellos se aferraban al pasado y no les gustaron mis ideas, así que tras varias discusiones decidí irme.


-M.J:Pero, fuera donde fuera, siempre volvía a pasarle lo mismo. Era usted una persona muy inconformista.


BRUNO:Ya le he dicho antes que no soy capaz de callar mis ideas. Hoy en día hay libertad de expresión, pero en aquella época era algo muy complicado, o seguías las pautas marcadas o eras hombre muerto. Yo, siempre defendí mi verdad, lo que creí que era justo, prefería morir por mis ideas que vivir en la mentira.
En Marburgo reté a los seguidores del aristotelismo a un debate público en el College de Cambrai. Allí fui ridiculizado e incluso me atacaron físicamente, Después me expulsaron del país.


-M.J:Pero, no tenia ud. amigos que le apoyaran o le defendieran?


BRUNO:Giovanni Moncenigo,un noble veneciano, se convirtió en mi protector. Gracias a el pude regresar a Italia. Pero, esta persona que yo creía mi amigo, me traiciono entregándome a la Santa Inquisición. Así que por favor, no me hable de amistad.

-M.J:Estuvo encarcelado mucho tiempo? Hablenos de su encierro.

BRUNO:Ordenaron mi encierro el 27 de Enero de 1593 en el Palacio del Santo Oficio en el Vaticano. Estuve ocho largos años encarcelado, esperando un juicio por blasfemia, herejía e inmoralidad, por mis enseñanzas sobre los sistemas solares y la infinidad del universo. Los años han venido dándome la razón, pero mi sentencia ya estaba echada.

M.J:Sabía ud. que se perdieron los documentos de este juicio al ser tomados por Napoleón?


BRUNO: Vaya, es una pena, pero creame que fue una verdadera injusticia lo que hicieron conmigo. Incluso, harto de estas torturas, quise retractarme de estas acusaciones, pero no me lo aceptaron, así que el 8 de febrero del año 1600 leyeron por fin mi sentencia en la que fui declarado herético, impenitente, pertinaz y obstinado, me expulsaron de la Iglesia y quemaron mis obras en la plaza pública

.M.J: Verdaderamente lo que hicieron no tiene perdón de Dios. Así que finalmente fue condenado a la hoguera?


-BRUNO:Antes de la ejecución recuerdo que un monje me ofreció un crucifijo para que lo besara. Yo lo rechacé, le dije que moriría como un mártir y que mi alma subiría con el fuego al paraíso.

--M.J: Si le sirve de consuelo le diré que esa persona que le traicionó, Giovanni Mocinego, fue acusado de herejía por descubrirsele tratando de dominar las mentes de otros, cosa que me consta que ud. se negó a enseñarle.

BRUNO:Es cierto, yo, aunque conocía esa ciencia, nunca quise enseñarla por miedo a que se pudiera ser utilizada de mala manera.

-M.J:Recuerda lo que dijo al recibir su sentencia?

BRUNO: Lo recuerdo como si fuera hoy mismo, dije : "ustedes tienen más miedo al leer mi sentencia que yo al recibirla"

M.J: Ya para terminar, sabrá que el tema que nos ocupa es el de la magia y la brujería, ¿que opina sobre este tema?

BRUNO: Sabido es que la magia es un tema muy característico y debatido en el pensamiento Renacentista. Yo recuperé la magia de los sacerdotes egipcios, recogida por Hermes Trimegisto. Para ello elaboré un misterioso libro que títulé Los treinta sellos, una de mis más enigmáticas obras, que tenía como finalidad formar a magos a través de un reconocimiento virtual por el Cosmos dibujado en unos diagramas.Llamé a esto la mnemotecnia mágica.
"Los magos tienen por axioma que Dios influye en los dioses, los dioses en los astros, los astros en los demonios, los demonios en los elementos, los elementos en los sentidos, los sentidos en el alma, el alma en el animal entero"
“No bastaba con identificar demonios y darles nombre. El mago precisaba conocer el arte de vincularlos. Y el gran vinculador, es el amor. Sin amor, la magia no es operativa”.


M.J: Muchas gracias por sus palabras .

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