martes, 24 de junio de 2008

SACADO DE SOYLEYENDO.COM
Ignacio Gómez de Liaño
11 Jun 2008 02:23:52 pm


Alienta en Ignacio Gómez de Liaño el propósito de escribir el libro biblia-enciclopedia, con lo que acierta en su libro EXTRAVÍOS (Siruela, 2007), en el que todos los géneros literarios, y las diferentes ramas del saber, aparecen novelados, es decir narrados, temporizados y revitalizados.

Ahora que la poesía actual ha desnudado sus ramas, y que en ella es invierno, en esta obra crece la metáfora como en una bordura inglesa; la metáfora como ejemplo práctico, igual que en la filosofía oriental.

Hay una periodificación en la obra de Ignacio Gómez de Liaño, tal como aparece en sus diarios sobre Dalí, pues uno de los empeños de aquel es desarrollar el pensamiento de éste, para demostrar que el segundo no es solamente ocurrente sino también muy inteligente, y que su aportación se hallaría dentro de la “filosofía práctica” de la memoria, después de las de Bruno y Camillo cronologicamente, a cuyas orillas también aporta su rico limo la propia de I. Gomez de Liaño, acuñándola de una manera definitiva.

El mundo, las cosas del mundo son las que fundarían el yo, como perspectiva de aquellas que serían el centro de su atención; y así la memoria es la adherencia que llevan las cosas, su aureola; y por eso la memoria sería condición de pensamiento en su acepción kantiana.

Ocupó el lugar que dejo Alfredo Deaño, junto a Paulino Garagorri: para aquel, en su inspiradísima obra, INTRODUCCIÓN A LA LÓGICA FORMAL, el lugar desnudo de las variables que pueden cambiar de contenido, y la coherencia de las conectivas, pueden crear un teatro de la conciencia. En todo caso en la obra de G. de Liaño, se utiliza la doble negación, pues demuestra el FUNDAMENTO con la doble negacion lógica: si nada tiene fundamento entonces tampoco es válido argüir “que nada que tenga fundamento tenga fundamento“. Así que tampoco se aparta de la verdad lógica. Por eso el teatro de la memoría y el teatro de la conciencia no son en la obra de Ignacio Gómez de Liaño entidades contradictorias sino paradójicas.

En Ignacio Gómez de Liaño el lenguaje es como un fondo de armario, o como un ropero.

Hablar es vestirse, y vestirse entrar en un mundo, no solamente ponerse un traje.

Hay un lujo antiguo, como en la obra de Rafael Cansinos Assens.

Su filosofía , la de Gómez de Liaño, es filosofía del desinterés.

No es el genio alegre desbordante de vitalidad, el genio que nace del pueblo, sino martir romántico, como todo artista que nace de la burguesía,como el San Sebastián, pero convertido en deportista convaleciente, como en el “San Sebastían” de Dali. En fina ironía.

La burguesía ilustrada tiene “buena conciencia“. Aporta la idea del mérito individual, la meritocracia; así que se aparta del feudalismo que se apoya en la idea de privilegio heredado. Lo curioso es que ambas sensibilidades, tan enfadadas, desde hace dos siglos cohabitan en el mismo espacio político. Ignacio pone su espada entre ambas, como en los lechos de los antiguos amantes. Mejor que la frustrada revolución burguesa, de carácter esencialmente cultural, vuelva a recuperar los ardores de una virgen.

Filosofía del desinterés frente al materialismo dialéctico. Al introducir la incertidumbre en cuanto a la cantidad y grado de fundamento de las cosas.

Lujo antiguo, sol antiguo.

La literatura de I. G. L. está estructurada por círculos concéntricos al modo de una ciudad europea como lo es Riga, a título de ejemplo: hay huellas de la educación sentimental, de la escuela del buen gusto y del sensualismo espiritualista en la arquitectura modernista, y de un cierto encanto en la industrial, pero también hermetismo de algunas tradiciones milenarias en su casco antiguo, en los barrios judíos; y además monumentalismo, filosofía del estado, y axiomas y fórmulas matemáticas del arte actual, conjuntos vacíos. Tiene aspectos de ciudad parlante. Es decir que es una literatura no solamente para ser leída, sino también para ser habitada.

El orientalismo, también aquí presente,es una esponja, y la aspiración a la liberación a través del conocimiento; pero no hay renuncia al deseo, sólo determinación a no dejarse esclavizar por él.
Por otra parte, la búsqueda de la diversidad y de los matices es en esta obra una forma de libertad.

La estética supera aquí a la ética en honestidad, y no sería como la primera anterior a la ontología según Levinas, sino posterior.

La obra de Ignacio Gómez de Liaño es como una biblioteca, compuesta por libros interesantísimos y las lecturas atentas y personales hechas de los mismos. Da la idea de la lectura inspirada, también como obra de creación. La “novela de lectura” además es una aportación novedosa de Gómez de Liaño. Biblioteca parlante, facistol andante tirado por una misteriosa caballería, como una rueda, o dos…, del teatro de la memoria.

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