domingo, 31 de enero de 2010

habilidades indispensables para el mundo laboral no se enseñan en las escuelas

Un profesor de ciencias pidió a los estudiantes que observaran por el microscopio una célula. Luego de varios minutos, el maestro preguntó: “¿Qué descubrieron?”. Los niños, asombrados, respondieron que no habían encontrado nada, porque él no les había dicho qué tenían que mirar, ni cómo lo tenían que hacer.

Éste fue uno de las escenas que más impactó a Tony Wagner, el académico de Harvard que realizó la investigación. “Los alumnos esperan a que los maestros terminen para que les ayuden y arreglen el problema. Lo que veo son niños y jóvenes que apenas ocupan un cinco por ciento de su cerebro”, señala Wagner.

Luego de recorrer varias salas de clase y entrevistar a miles de empresarios sobre qué habilidades esperan de sus trabajadores, concluyó que en las escuelas norteamericanas los profesores enseñan contenidos solamente para superar las pruebas y pasar de nivel, olvidando fomentar las competencias pertinentes para enfrentarse al mundo laboral.

En Chile el panorama no dista de la realidad estadounidense. Tanto el Simce como la PSU “se han convertido en los instrumentos fundamentales de evaluación del rendimiento escolar, por lo que se pierde de vista la importancia de estas habilidades para enfrentar con éxito no sólo el trabajo, sino los estudios en la educación superior”, explica la doctora en psicología y académica de la Facultad de Educación de la Universidad Católica, Malva Villalón.

Desarrollar las habilidades en la casa


Ante la realidad del sistema educacional chileno, el académico de la Universidad Diego Portales, Ernesto Treviño; y la psicopedagoga de la Universidad Andrés Bello, Verónica Garcés entregan recomendaciones para desarrollar en la casa las habilidades que buscan los empresarios.

1. Pensamiento crítico y capacidad de resolver problemas: se recomienda establecer diálogos con los niños desde pequeños, donde los padres traten de escuchar y respetar la opinión de ellos. Es necesario que validen las ideas del menor y las legitimen, independiente de que no las compartan.

2. Creatividad e imaginación: dejar que los niños y jóvenes hagan sus propias preguntas acerca de las ideas que se debaten. Jugar a los roles, como si estuvieran en un debate, para que se planteen en distintos escenarios ante un mismo hecho.

3. Hacer buenas preguntas: lo importante es no rechazar el punto de vista del niño o joven. Ninguna pregunta es mala.

4. Adaptación: es recomendable deshacerse de los prejuicios y de la idea de que existen respuestas correctas e incorrectas. Permitirles que se coloquen en distintas posiciones, por ejemplo que el niño un día defienda el punto A y otro el B.

5. Proactividad: al momento de criticar es necesario que el sujeto comprenda que no se trata de desacreditar al otro porque sí, sino de identificar debilidades y proponer soluciones. Aquí se aconseja jugar en equipo y los juegos de estrategia, u otros donde el menor tenga la necesidad de encontrar soluciones en conjunto y existan reglas que permitan que todos participen.

6. Expresión oral y escrita: con los debates y juegos de estrategias el niño será capaz de proponer qué opciones cree pertinentes y por qué, desarrollando así su capacidad de discurso. Otra forma, por ejemplo, es ver una película que permita el diálogo y preguntarle a los niños qué han comprendido, discutir causas y efectos, y formular hipótesis.

7. Liderazgo: se recomiendan actividades simples como cocinar juntos, recrear recetas, planificar cumpleaños de hermanos y padres. Éstas permiten que el niño se sienta responsable de algo y tome el mando de una situación.

Más detalles del estudio: http://www.gse.harvard.edu/clg/

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