sábado, 14 de agosto de 2010

Antonio Damasio En busca de Spinoza

Antonio Damasio
En busca de Spinoza
Neurobiología de la emoción y los sentimientos

Ed. Crítica, 2005

[…sensations sweet felt in the blood and felt along the heart…
passing even into [your] purer mind in tranquil restoration… ]
(Wordsworth)


¿Qué son los sentimientos?, p. 85 y ss.

         En mi intento por explicar qué son los sentimientos, empezaré planteándome una pregunta al lector: cuando considera cualquier sentimiento que haya experimentado, agradable o no, intenso o no, ¿cuál considera que es el contenido del sentimiento? Adviértase que no estoy preguntando acerca de la causa del sentimiento, ni acerca de su intensidad; ni sobre su valentía positiva o negativa; ni siquiera que pensamientos le vinieron a la mente cuando lo tuvo. Quiero decir realmente el contenido mental, los ingredientes, la materia que constituye un sentimiento.

            Con el fin de dejar que siga este experimento mental, permita el lector que le ofrezca algunas sugerencias: piense que está tendido en la arena; el sol del final del día calienta ligeramente su piel, el océano chapotea a sus pies, y oye un murmullo de hojas de pino en algún punto situado detrás de él; además sopla una suave brisa estival, la temperatura ambiente es de 26º C y no hay ni una sola nube en el cielo. Tómese el lector su tiempo y saboree su experiencia. Voy a suponer que no se aburre como una ostra y que, en cambio, se siente muy bien, extraordinariamente bien, como le gusta decir a un amigo mío; y la pregunta es: ¿en qué consiste ese “sentirse bien”? He aquí algunas pistas: quizá la calidez de su piel era confortable, Su respiración era fácil, inspirar y expirar, sin ningún impedimento por parte de ninguna resistencia en el pecho o en la garganta. Sus músculos estaban tan relajados que no podía sentir ninguna tensión en las articulaciones. El cuerpo se sentía ligero, tumbado sobre el suelo etéreo. El lector podía supervisar el organismo como un todo y notar que su maquinaria funcionaba de manera uniforme, sin fallos ni dolor, la simple perfección. Tenía la energía necesaria para moverse, pero de alguna manera prefirió permanecer quieto, una combinación paradójica de la capacidad y la inclinación para actuar y el deleite de la inmovilidad. El cuerpo, por decirlo brevemente, se sentía diferente a lo largo de varias dimensiones. Algunas eran evidentes, y el lector podía identificar realmente su situación. Otras eran más esquivas. Por ejemplo, sentía bienestar y ausencia de dolor, y aunque la ubicación del fenómeno fuera el cuerpo y sus actividades, la sensación era tan difusa que resultaba difícil describir de manera precisa en qué lugar del mismo sucedía aquello.

            Y había consecuencias mentales del estado del ser que se acaba de describir. Cuando el lector podía apartar su atención del bienestar absoluto del momento, cuando conseguía resaltar las representaciones mentales que no pertenecían directamente a su cuerpo, descubría que su mente estaba llena de pensamientos cuyos temas creaban una nueva ola de sentimiento placentero. Le venía a la mente la imagen de acontecimientos que anticipaba ansiosamente que serían agradables, y lo mismo ocurría con escenas que le gustó experimentar en el pasado. Asimismo, el lector se daba cuenta de que en su sensación mental era bueno, feliz. […]
            El lector tenía, al igual que le ocurría a Wordsworth en la abadía de Tinern (13 de julio de 1798) “dulces sensaciones sentidas en la sangre y sentidas a lo largo del corazón”, y notaba que “pasaban incluso a [su] mente más pura en tranquila renovación” […sensations sweet flet in the blood and felt along the heart… passing even into [your] purer mind in tranquil restoration… ].
            Lo que solemos considerar como “cuerpo” y “mente” se fundían en armonía. Ahora parecía no existir ningún conflicto. Cualquier término opuesto resultaba ahora menos opuesto.
            Me atrevería a decir que lo que definía la sensación placentera de aquellos momentos, lo que hacía que el sentimiento mereciera el término distintivo de tal y fuera diferente de cualquier otro pensamiento, era la representación mental de partes del cuerpo o de todo el cuerpo operando de una determinada manera. El sentimiento, en el sentido puro y estricto de la palabra, era “la idea de que el cuerpo se encontraba de una determinada manera”. En esta definición, el lector puede sustituir idea por “pensamiento” o “percepción”.

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