sábado, 14 de agosto de 2010

invocando a giordano bruno

Siguiendo una recomendación de Marguerite Yourcenar, una de mis autoras guías en la literatura, hice un ritual romano del que habló en alguna entrevista: a la orilla del mar repites 200 veces el nombre del personaje elegido, al finalizar sabrás si te dio su venia o no para escribir sobre él. Para iniciar mi relación con Giordano, lo hice en el jardín de la casa de Yourcenar, Petit Pleasance, situada en los confines de la América del Norte. Años después, en un viaje por la costa este de Estados Unidos, supe que tenía que soltarlo para que él iniciara otro viaje. Fue una mañana lluviosa, frente a unas olas inmensas que al salpicarme hacían que castañearan mis dientes, al repetir 200 veces su nombre.
MB: ¿Qué sentiste?
LV: Me acometió esa soledad que arrastra uno por la vida, estés en la situación familiar y amorosa que sea. Durante 10 años Giordano Bruno me acompañó y me enseñó a escribir; pero tenía que soltarlo para seguir escribiendo sobre él, encarnado en otro o en muchos otros personajes.

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