viernes, 14 de noviembre de 2008


La característica fundamental del pensamiento de Bruno

Carácter mágico-hermético de su pensamiento: sigue las huellas de los magos- filósofos renacentistas y avanza notablemente ene. Tipo de razonamiento de Ficino, que Bruno se propone llegar a sus últimas consecuencias. Se trata de una especie de gnosis renacentista, un mensaje de salvación con el sello de la religiosidad egipcia. Su neoplatonismo sirve de base y de armazón conceptual. Uno de los libros fundamentales es el de la investigadora F.A. Yeats Giordano Bruno e la tradizione ermética: “la filosofía de Bruno es fundamentalmente hermética, el era un mago hermético del tipo más radical, con una especie de misión mágico-religiosa”.

La mnemotecnia

Las primeras obras de Bruno están dedicadas a la mnemotecnia y entre ellas destaca De umbris idearum redactado en París y dedicado a Enrique III. El arte de la memoria era antiguo: oradores romanos para memorizar sus discursos, asociaban la estructura y la sucesión de conceptos y de argumentos en favor de dichos conceptos a un edificio y a la sucesión de sus partes. Ramón Llull la había desarrollado tratando de establecer reglas que favorecieran la memorización a través de una precisa utilización de las reglas de la mente, con la coordinación entre las reglas de la mente y la estructura de lo real. En Bruno, la mnemotecnia resurgió en el renacimiento y alcanzo su grado culminante.


La mnemotecnia clásica, fundamentada en lugares e imágenes, hay que entenderla y aplicarla en el ámbito de la memoria mágica renacentista como método para obtener aquella experiencia hermética, imprimiendo en la memoria imágenes arquetípicas o mágicamente activadas. Empleando imágenes mágicas o talismánicas en calidad de imágenes mnemónicas, el mago aspiraba a conseguir conocimiento y poderes universales è personalidad dotada de poderes mágicos.


En el De umbris idearum Bruno remite a Hermes Trismegisto, convencido de que la religión egipcia es mejor que la cristiana, en la medida en que es una religión de la Mente, que se realiza superando el culto al sol, imágenes visible del sol ideal que es el intelecto. Las “sombras de las ideas” no son las cosas sensibles: al imprimir en la mente estas imágenes mágicas è reflejo de todo el universo en la mente è potenciación de la memoria y un reforzamiento global de las capacidades operativas del hombre. La obra prosigue con una serie de listas de imágenes, en las que Bruno se basa para organizar el sistema de la memoria: es el renovador de la tradición mágico-hermética inaugurada por Ficino, pero no le interesa reconciliación entre esta doctrina y la dogmática cristiana, sino que su propuesta es llegar hasta el final del camino.

Universo infinito y religión de la naturaleza.

El universo de Bruno y su significado

En su etapa inglesa redactó y publicó sus diálogos italianos, que constituyen sus obras maestras. En Oxford expuso una visión copernicana del universo, concepción heliocéntrica e infinitud del cosmos, relacionándola con la magia astral y con el culto solar tal como Ficino lo había propuesto. Uno de los sabios lo acusó de plagiar palabra por palabra a Ficino è escándalo que le obligación a despedirse de Oxford. La imagen de sí que quería dar, era la del mago renacentista, que propone la nueva religión egipcia de la revelación hermética, el culto del deus in rebus , del dios que está presente en las cosas. La magia, es divina, es natural, y se le llama intermediaria y matemática porque se dedica a las razones y actos del alma. Los fundamentos del egipcianismo de Bruno proceden básicamente del neoplatonismo y una acento notable de tipo panteísta, junto a la insistencia en algunos elementos eleáticos y la introducción explícita de temas de Avicebrón.


Admite la existencia de una causa o un principio supremo (mente sobre las cosas) de la que se deriva todo lo demás, pero que permanece incognoscible para nosotros. Todo el universo es obra de este primer principio; pero el conocimiento de sus efectos no puede uno remontarse al conocimiento de la causa: no es más que el Uno plotiniano, replanteado por un renacentista.


Al igual que Plotino, el intelecto procede del principio supremo, pero Bruno lo entiende como mente en las cosas: facultad del alma universal de la que surgen todas las formas inmanentes a la materia y con la que constituye un todo inseparable. La estructura hilemórfica de la realidad è diferente al concepto aristotélico: las formas son la estructura dinámica de la materia (van y viene, se terminan y se renuevan), porque todo está animado, todo está vivo. El alma del mundo se halla en cada cosa y el intelecto universal está presente en el alma, fuente perenne de formas que se renuevan continuamente.


Según Bruno (difiere de Telesio) todo está vivo en el sentido de que se trata de la vida del alma y de la mente universal que se expande en el universo. Dios se convierte en inmanente y la vida del cosmos se convierte en vida divina, en el infinito expandirse de la misma vida de Dios. Dios y la naturaleza, forma y materia, acto y potencia, acaben por coincidir.. La imagen bruniana del universo: uno, infinito y (además) eleáticamente inmóvil.

La religión

En la Expulsión: el egipcianismo de Bruno es una religión (la buena religión) destruida por el cristianismo, a la que hay que regresar y de la cual él se siente profeta, con la misión de hacerla revivir.

Consideró que la religión mágica era una experiencia teúrgica y extática genuinamente neoplatónica, una ascensión hacia el Uno. El egipcianismo hermético se reducía al egipcianismo interpretado por los neoplatónicos de la antigüedad tardía.


Bruno estuvo influido por el pensamiento de Ficino y Pico de la Mirándola con toda su fuerza psicológica, sus asociaciones cabalísticas y cristianas, su sincretismo abarcador de diversas posturas filosóficas y religiosas, antiguas o medievales, y asimismo, con su magia.


La filosofía de Bruno sale a escena en un siglo intolerante que buscaba en el hermetismo religioso un refugio de tolerancia para la unión de las diversas sectas que luchaban entre sí.

Predica una especie de contrarreforma egipcianista; una reforma moral incidiendo en la importancia de las buenas obras en su dimensión social y una ética basada en criterios de utilidad social.


Bruno no coincidió con los católicos ni con los protestantes, y que los apoyos que buscó fueron tácticos para realizar su propia reforma: provocó reacciones violentas. Su concepto de divinidad e infinito fueron de carácter neopagano, que gracias al aparato conceptual del neoplatonismo (Cusa y Ficino) podía manifestarse casi a la perfección.

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