lunes, 9 de junio de 2008

Raimon Arola
El Tarot de Mantegna

Cubierta El Tarot de Mantegna

En las academias renacentistas del norte de Italia, durante la segunda mitad del siglo XV, sabios y artistas trabajaban al unísono esperando alcanzar una síntesis de todo el conocimiento. Por ello, las obras de arte intentaron representar el conjunto del universo y los vínculos ocultos que relacionan cada parte con el todo. Uno de los mejores ejemplos es esta serie de cincuenta láminas, pensadas como cartas de juego y conocidas popularmente como Tarot de Mantegna. La primera representa al Mísero, el hombre pobre y errante, que simboliza el lugar más bajo de la creación. La última representa a la Primera Causa del Universo, es decir, lo más elevado de la Creación. Entre ellas se halla una escalera de cuarenta y ocho peldaños, representados por cada una de las otras láminas. Además de su exquisita belleza y fina sensibilidad, las láminas están repletas de un contenido filosófico y simbólico que el autor se encarga de desvelar, intentando recuperar el sentido originario de sus creadores.
Raimon Arola (Tarragona, 1956) es profesor de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona, donde imparte cursos sobre Arte y Simbolismo. Ha publicado Simbolismo del templo (1986), Textos y glosas sobre el arte sagrado (1990), Las estatuas vivas. Ensayo sobre arte y simbolismo (1996), así como numerosas colaboraciones en revistas especializadas.

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LAS CARTICELLAS

La primera referencia escrita que se refiere al Tarot con toda seguridad se remonta a 1227 y nos dice que «los niños italianos son instruidos en el conocimiento de las virtudes mediante unas láminas que denominan carticellas».

Una muestra de estas carticellas, cuya descripción nos recuerda de inmediato a los cromos infantiles que todavía hoy colaboran en la educación de los niños, podría serlo el llamado Tarot de Mantegna o Cartas de Baldini, que en realidad no fue creado ni por Mantegna ni por Baldini, sino por Francesco del Cossa, y fue grabado en Ferrara en la segunda mitad del siglo xv.

EL TAROT DE MANTEGNA

De dicho Tarot se conocen dos tipos, el primero de los cuales -considerado como el original- fue grabado en 1460, y el segundo -la pretendida copia- en 1488, siendo mucho más bello que el original. Ambas variantes se componen de cincuenta cartas de 10 x 18 cm, divididas en cinco series de diez cartas cada una.

Entre estas cincuenta láminas podemos reconocer algunas de las figuras del Tarot, como El Emperador, El Papa, El Enamorado, El Carro, La Justicia, El Ermitaño, La Fuerza, La Templanza, La Luna, El Sol, El Loco, La Sota de Espadas, La Sota de Copas y El Rey de Bastos; y si bien existen algunas diferencias en los dibujos, también existen similitudes muy significativas.

Así ocurre por ejemplo entre El Loco y Misero, ambos con un perro mordiéndoles la pierna; La Justicia, con la espada y la balanza; La Templanza, trasvasando agua de una jarra a otra (o echándole agua al vino); La Fuerza, que tanto se representa mediante una mujer dominando a un león como rompiendo una columna.

De todo ello podemos deducir que tanto las láminas del Tarot de Marsella como las del de Mantegna poseen un origen común que muy bien podría cifrarse en las carticellas de que nos habla la cita de 1227. Por una parte, en una fecha que ignoramos se añadieron los arcanos menores para componer la baraja de juego (a menos que ya se crearan unas carticellas con baraja incluida), mientras que por otra se siguieron creando y copiando colecciones de carticellas. De todas ellas, las láminas de Mantegna serían las más antiguas que se han conservado; nadie puede creer que sirvieran para jugar, y, si bien resultan algo pedantes al enumerar (es decir, ordenar rigurosamente de inferior a superior) los conceptos que contienen, del mendigo al Papa por ejemplo, no puede negarse que su finalidad es claramente pedagógica.

tarot de mantegna

láminas del tarot de Mantegna

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TAROT, EL ARTE DE LA MEMORIA ,

FILOSOFÍA HERMÉTICA

El naipe es un " palacio notable de la memoria » ya que incorpora al mismo conjunto espacio temporal una continuación coherente de lugares (cuatro series "menores" de diez cartas jerarquizadas + veintidós cartas "mayores", ellos mismas ordenadas por una numeración) e imágenes que, siendo ya más o menos conocidas unos utilizadores (pues más fáciles memorizar y ya reenviando informaciones diversas), poseen detalles sorprendentes. Anotaremos también que el uso lúdico del naipe finalmente no es nada más que la puesta en práctica de la regla principal del Arte de la memoria, a saber recorrer frecuentemente y con afecto los edificios de la memoria con el fin de revivificar las imágenes; más aunque otros juegos de cartas, el uso lúdico del naipe acude en efecto fuertemente a la memoria.

Existen unos juegos de cartas que explícitamente son unos juegos de Arte de la memoria y cuyos ciertos detalles iconográficos distintamente evocan el espíritu de los arcanos mayores del naipe. Así, en 1509, Thomás Murner publica en Estrasburgo un tratado titulado Logica memorativa, que se funda totalmente sobre un juego de cartas. Ya, hacia 1465, el juego italiano falsamente atribuid a "Mantegna", constituido por 50 cartas exclusivamente "mayores", cuya gran parte es perfectamente análoga a los arcanos del naipe, puede estar arreglado sin duda en la categoría de los juegos educativos fundados sobre la tradición clásica y erudita del Arte de la memoria.

“El Tarot es un libro del antiguo Egipto cuyas páginas contienen el secreto de una medicina universal, de la creación del mundo y del destino del hombre. Sus orígenes se remontan al 2170 antes de Cristo, cuando diecisiete magos se reunieron en un cónclave presidido por Hermes Trismegisto. Enseguida fue grabado en plaquetas de oro colocadas alrededor del fuego central del Templo de Memfis. En fin, después de diversas peripecias, fue reproducido por grabadores mediocres de la Edad Media con una cantidad de inexactitudes de modo que su sentido original fue desnaturalizado”.


Etteilla restituyó al Tarot lo que él creía que era su forma primitiva, remodeló la iconografía y lo bautizó “El libro de Thot”. La herencia del Neoplatonismo y del hermetismo del Renacimiento está claramente presente en las manipulaciones operadas por Etteilla. En efecto, en los ocho primeros Triunfos, reproduce las fases de la creación; en los cuatro siguientes, subraya que las virtudes conducen las almas hacia Dios; y finalmente en los diez últimos representa las condiciones negativas a las que están sometidos los seres humanos.


Las 56 cartas numeradas fueron interpretadas como sentencias adivinatorias para los mortales. Gracias a estas revelaciones, cobró gran vuelo la moda de la cartomancia, y más tarde la dimensión mística del libro de Thot fue revalorizada por Eliphas Lévi. Eliphas Lévi denunció los errores de Etteilla, afirmando que los 22 Triunfos correspondían a las 22 letras del alfabeto hebreo. Y explica la conexión con las operaciones mágicas, con el simbolismo francmasón y sobre todo con los 22 senderos del Arbol de la Kábbala, que reflejan las estructuras idénticas en el hombre y en el universo.


Recorriendo los 22 canales del supremo saber, el alma humana podría llegar a la contemplación de la luz divina. Las teorías de Lévi fueron retomadas por numerosas confraternidades ocultistas y cada una de ellas recreó nuevas cartas de Tarot conforme a su propia filosofía.


Para algunos, el objetivos de los iniciados era la realización de un gran Templo Humanitario apuntando la creación de un Reino del Espíritu Santo fundado sobre el esoterismo común a todos los cultos. Para otros, el Tarot representaba las etapas de un recorrido individual de elevación mística o de exaltación psíquica mediante la obtención de grandes poderes mágicos.

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