lunes, 30 de noviembre de 2009

burbuja

La relación deuda-PIB de las naciones desarrolladas es el doble que la de los principales mercados emergentes:
Un mercado ascendente en desarrollo

Las altas rentabilidades del efectivo están atrayendo a los inversionistas.

La búsqueda de la siguiente burbuja está muy avanzada. El oro, que ha alcanzado repetidas veces alturas nominales récord, es un candidato posible. Al igual que una acción de punto com, al parecer carece de restricciones de valoración.

Otra opción son los mercados emergentes. Las acciones en los mercados en desarrollo ya han disfrutado de una recuperación fenomenal este año; el índice de mercados emergentes MSCI subió un 73% el 25 de noviembre. Pero ¿qué hay con respecto a la deuda de los mercados emergentes?

La crisis crediticia ha demostrado que los mercados emergentes no sólo han llegado a ser los principales impulsores del crecimiento global, sino que también han reemplazado a los países industrializados como ejemplos de probidad fiscal. (Dubái no es técnicamente un mercado emergente). El rescate de los bancos, una recesión inesperadamente aguda y un colapso en los ingresos tributarios han empujado a algunos países desarrollados a un déficit que supera el 10% del PIB, cifras que no se habían visto desde las guerras mundiales.

La comparación ahora es sorprendente. Matt King, estratega de Citigroup, cita cifras del FMI que muestran que la relación deuda-PIB de las 20 principales naciones desarrolladas es ya el doble de la de los 20 principales mercados emergentes. Para 2014 será el triple.

Cada burbuja necesita una narrativa posible, ya sea ésta el poder de transformación de internet o el potencial de crecimiento de los mercados emergentes. Generalmente necesita dinero fácil también; y las tasas de interés a corto plazo de casi cero en Estados Unidos, Europa y Japón cumplen los requisitos, porque estimulan a los inversionistas a buscar la rentabilidad. Las burbujas también necesitan normalmente un hecho gatillante que les dé impulso. En este caso la crisis crediticia les dio a los inversionistas un motivo para dudar de las perspectivas de crecimiento de los mercados del mundo industrializado y favorecer a los países en vías de desarrollo.

El debate sobre los bonos del mercado emergente se basa no sólo en el estado de las finanzas de gobierno, sino en el panorama para los mercados cambiarios. El gobierno estadounidense tal vez hable de la conveniencia de un dólar firme, pero al parecer no tiene ninguna intención de hacer algo al respecto. Los gobiernos de Japón y la zona del euro difícilmente están aplaudiendo la fortaleza resultante del euro y el yen. En comparación, sostiene King, algunos países emergentes tal vez vean una apreciación de sus monedas, sin importar qué política sigan.

¿Qué pasa si ellos ceden a la presión política occidental y permiten que suba una moneda modesta? Entonces los inversionistas van a especular que es probable que haya una nueva apreciación. En forma alternativa los países tal vez prefieran intervenir en los mercados cambiarios para impedir que sus monedas suban. Pero el efecto de tal política será aumentar sus reservas de divisas (a medida que vendan sus propias monedas y compren dólares o euros). Eso hará que los fundamentos del país se vean incluso más atractivos y estimulen incluso una inversión mayor.

Además, importar una política monetaria indefinida desde Estados Unidos (mientras los países tratan de fijar la paridad de sus monedas en relación con el dólar) puede crear burbujas de activos dentro de los mercados emergentes. Ellas atraerán afluencias especulativas. Y si los países en vías de desarrollo tratan de restringir esas burbujas subiendo las tasas de interés, eso sólo hará que sus monedas sean incluso más atractivas a medida que entren en tropel los inversionistas ávidos de rentabilidad.

La tendencia ya está en marcha. EPFR Global, un grupo de información, señala que los fondos de bonos del mercado emergente atrajeron la afluencia mensual más grande en octubre desde que empezó a recopilar los datos en 1995.

Las diferencias entre los tipos de interés, según la medición del índice de los bonos del mercado emergente de JPMorgan, han caído desde más de cinco puntos de porcentaje en octubre de 2008 a menos de cuatro puntos de porcentaje ahora. Para los alcistas eso deja espacio para muchísimas más ganancias: en su punto más estrecho, en junio de 2007, la diferencia en este índice fue de 138 puntos base (menos de 1,5 puntos de porcentaje).

Eso indica que el status de burbuja todavía está a cierta distancia. Para los entusiastas del sector, como Jerome Booth, de Ashmore, una administradora de fondos, hablar de una burbuja es absurdo. El mundo está siendo testigo de un cambio secular en favor del mundo en vías de desarrollo, el que genera aproximadamente el 50% del PIB global, pero no está lo suficientemente representado en las carteras de inversionistas, precisa el experto.

Los países ante los cuales los inversionistas tal vez deseen más exposición (China e India, por ejemplo) están por debajo del peso en los índices de bonos de mercados emergentes.

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martes, 24 de noviembre de 2009

¿Viene una nueva crisis económica?

Mercados financieros

Mercados eufóricos

La formación de una nueva burbuja económica global es el fantasma que recorre hoy los despachos gubernamentales y marca los análisis económicos.

Los premio Nobel de Economía Paul Krugman y Joseph Stigliz la temen, el analista estrella de la firma RGE Nouriel Roubin opina que es un riesgo palpable y los gobiernos se persignan en silencio para que no vuelva a ocurrir.

Y es que los mercados financieros están otra vez de fiesta.

Desde marzo, los mercados de valores y acciones no han dejado de subir, el precio del oro está en su zenit, el del petróleo se ha reubicado en torno a los US$80 mientras que se multiplica el intercambio de derivados y otros instrumentos financieros de alto riesgo. Hasta el mercado de la vivienda, cuna de la crisis de 2008, está experimentando una clara mejoría.

En un artículo en el diario especializado Financial Times, una de las pocas periodistas que alertó sobre la burbuja financiera que estalló el año pasado, Gillian Tett, advirtió que el estallido puede ser peor que en 2008.

"Según un veterano del mundo financiero, la actividad especulativa se extiende a todo el frente financiero: bonos, mercados emergentes, commodities, propiedades. Este veterano se preguntaba si no era posible que la crisis de 2008 fuera un simple globo de ensayo de la que se viene ahora", dice Tett.

Optimistas y pesimistas

¿Pájaros de mal agüero o experimentados observadores que han visto demasiadas veces el mismo espectáculo?

Paul Krugman

Paul Krugman: el peligro de una nueva burbuja

A fin de cuentas, en vez de adoptar este enfoque pesimista, se puede pensar que la euforia de los mercados es una clara señal de que el mundo ha salido de la parálisis económica que siguió al derrumbe de Lehman Brothers en septiembre del año pasado.

El vaso medio lleno de la ecuación indica que el precio del petróleo no estaría subiendo si no fuera por la expectativa de mayor actividad económica existente gracias a la recuperación de actores clave de la economía mundial.

En abril, China anunció que estaba creciendo nuevamente a un 8%. El cálculo es que Asia, la primera región del planeta en salir del estupor económico, crecerá un 5% en 2009.

En noviembre la eurozona (16 países que manejan el Euro como moneda) salió oficialmente de la recesión, mientras que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico predijo una fuerte recuperación de Estados Unidos para el año próximo, y la CEPAL aseguró que América Latina vuelve al crecimiento en 2010.

¿No deberíamos estar celebrando que en vez de un derrumbe sistémico que todos temían a principios de año haya estas luces?

Los escépticos o cautos o pesimistas o realistas -el adjetivo varía de acuerdo a la posición de cada uno- advierten que el escenario actual tiene los ingredientes ideales de toda burbuja.

"La tasa de interés es muy baja, las entidades financieras siguen siendo demasiado grandes para dejarlas caer y los mercados están dispuestos a asumir riesgos", señala Wolfgang Munchau de la consultora económica Eurointelligence.

En Estados Unidos la tasa de interés es de entre 0 y 0,25%, en la eurozona del 1%, en el Reino Unido del 0,5 %.

Según este punto de vista, con el precio del dinero tan barato y los valores de activos también deprimidos por efecto de la misma crisis, es difícil ver cómo no va a haber un vértigo especulativo en los mercados, atizado por el hecho de que los grandes bancos pueden apostar sabiendo que tienen las espaldas cubiertas por el fisco.

Advertencias de la historia

El antecedente histórico más obvio, el Crack del 29, es un buen ejemplo de los peligros enceguecedores del optimismo.

Un año después de la brutal caída de las acciones en octubre de 1929, la euforia volvió a los mercados que recuperaron el 80% de los valores bursátiles.

Poco después el valor de las acciones volvió a caer y en 1932 sobrevino el derrumbe.

Graham Turner, director de la consultora GFC

Graham Turner: una crisis de larga data.

Los inversores perdieron hasta la ropa y la economía se hundió en un pantano.

Los historiadores recuerdan un hecho más ominoso aún: de este segundo capítulo de la crisis sólo se salió con la Segunda Guerra Mundial.

Sobre deudas y tumbas

Los datos no son alentadores.

Según Graham Turner, director de la consultora GFC y autor de No Way to Run an Economy, la actual crisis tiene un sustrato histórico de largo alcance.

"Las burbujas reflejan el comportamiento actual del capitalismo globalizado con una caída del salario real en las últimas tres décadas que ha debilitado la demanda en los países centrales. La única manera de compensar esta demanda ha sido con la creación de deuda. Este modelo explotó y no tenemos nada en su lugar", señaló Turner a BBC Mundo.

Desde esta perspectiva, la recuperación del sistema financiero este año se debió más a un acto de prestidigitación que al poder de recuperación de la economía mundial.

La Reserva Federal estadounidense absorbió unos US$800.000 millones en activos tóxicos financieros (deudas prácticamente incobrables).

Todos están ganando tiempo. Las entidades se montan a este tipo de actividad con la esperanza de sacar un rédito a corto plazo que les permita salir de la situación en que se encuentran. El gobierno reza para que no hay a una nueva crisis financiera.

Anthony Hilton, analista del "Evening Standard"

En la Unión Europea en su conjunto la ayuda a los bancos superó los US$6 millones de millones.

"Hubo una gigantesca inyección de capital y salvamos a los bancos, pero no se hizo nada en cuanto a regular los mercados de capital, de modo que el mismo aparato que produjo la crisis está funcionando. Hay mucha liquidez que se está usando para actividades especulativas y no para financiar a la economía real", señala Turner

Mientras tanto estos activos tóxicos, verdaderos agujeros negros del sistema, siguen existiendo.

La cuerda floja

Nadie sabe su monto actual porque es muy difícil evaluar el valor de préstamos en virtual default y porque probablemente mejor sea no enterarse de su valor real.

"Los bancos se niegan a declarar el default de estos préstamos porque no quieren convertir a esos préstamos en pérdidas que pasen a formar una parte neta de sus pasivos", señala el analista financiero del diario London Evening Standard Anthony Hilton.

A esta magia contable, se suma el nuevo festival especulativo.

"Todos están ganando tiempo. Las entidades se montan a este tipo de actividad con la esperanza de sacar un rédito a corto plazo que les permita salir de la situación en que se encuentran. El gobierno reza para que no hay a una nueva crisis financiera", señala Hilton en el Evening Standard.

En otras palabras, muchas entidades financieras siguen en el callejón sin salida de los activos tóxicos y como un jugador empedernido, vuelven al casino a recuperar lo perdido, mientras que los gobiernos patean la crisis hacia adelante con la esperanza de que en el futuro aparezca la solución.

Con este telón de fondo, el sistema financiero internacional y la economía mundial seguirán haciendo equilibrio montados a una tenue cuerda floja y rodeados de un vacío abismal.

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jueves, 19 de noviembre de 2009


PAUL KRUGMAN 29/03/2009

2 textos:

LA VENGANZA DEL EXCESO (de ahorro)

NO A LA MISTICA DEL MERCADO

Se acuerdan de los viejos tiempos, cuando hablábamos de la “crisis de las hipotecassubprime“, y algunos hasta pensaban que esa crisis podía “frenarse”? ¡Ay, la nostalgia!

Hoy sabemos que los préstamos subprime sólo eran una pequeña parte del problema. Incluso los préstamos hipotecarios incobrables en general eran sólo una parte de lo que fue mal. Vivimos en un mundo de prestatarios con problemas, desde los promotores de centros comerciales hasta las economías europeas milagrosas. Y no paran de surgir nuevos tipos de problemas con la deuda.

¿Cómo se ha producido esta crisis mundial de la deuda? ¿Por qué está tan extendida? Yo diría que la respuesta puede encontrarse en un discurso que dio hace cuatro años Ben Bernanke, el presidente de la Reserva Federal. En aquel entonces, Bernanke intentaba resultar tranquilizador. Pero, aun así, lo que dijo entonces ya presagiaba el desastre que se avecinaba.

El discurso, titulado El exceso de ahorro mundial y el actual déficit por cuenta corriente de EE UU, ofrecía una explicación novedosa para el rápido aumento del déficit comercial estadounidense a principios del siglo XXI. Bernanke sostenía que las causas no había que buscarlas en EE UU, sino en Asia.

Señalaba que, a mediados de los noventa, las economías emergentes de Asia habían sido grandes importadoras de capital y habían tomado dinero prestado en el extranjero para financiar su desarrollo. Pero a raíz de la crisis financiera asiática de 1997 y 1998 (que entonces parecía algo tremendo, pero que resulta insignificante comparada con lo que está sucediendo ahora), esos países empezaron a protegerse a sí mismos amasando enormes cantidades de activos extranjeros como reservas, pero lo que estaban haciendo de hecho era exportar capital al resto de los países. La consecuencia fue que el mundo se inundó de dinero barato en busca de un lugar adonde ir.

La mayor parte de ese dinero fue a parar a EE UU, de ahí su gigantesco déficit comercial, porque el déficit comercial es la otra cara de las entradas de capital. Pero, como Bernanke señalaba acertadamente, el dinero también fluyó hacia otros países. En concreto, algunas pequeñas economías europeas registraron unas entradas de capital que, aunque en números absolutos eran mucho más pequeñas que las que afluyeron a EE UU, eran mucho más grandes en proporción al tamaño de dichas economías.

Aun así, gran parte del exceso de ahorro mundial fue a parar a EE UU. ¿Por qué? Bernanke citaba “la profundidad y complejidad de los mercados financieros del país (que, entre otras cosas, han permitido a las familias acceder con facilidad al dinero del mercado inmobiliario)”. Profundidad, sí. Pero ¿complejidad? Bueno, se podría decir que los banqueros estadounidenses, confiados tras un cuarto de siglo de celo liberalizador, lideraron al mundo a la hora de encontrar formas complejas de enriquecerse disimulando el riesgo y engañando a los inversores.

Y los sistemas financieros muy abiertos y escasamente regulados eran la característica de otros muchos receptores de grandes entradas de capital. Esto podría explicar la correlación casi espeluznante entre los elogios conservadores de hace dos o tres años y el desastre económico actual. “Las reformas han convertido a Islandia en un tigre nórdico”, proclamaba un informe del Cato Institute; Cómo se ha convertido Irlanda en el tigre celta era el título de un artículo de la Heritage Foundation; El milagro económico estonio se titulaba otro. Estos tres países atraviesan ahora una profunda crisis.

Durante algún tiempo, el flujo masivo de capital creó una ilusión de riqueza en estos países, exactamente igual que en el caso de los propietarios de viviendas estadounidenses. Los precios de los activos subían, las monedas eran fuertes y todo parecía ir de maravilla. Pero, antes o después, las burbujas se pinchan siempre y las economías milagrosas de ayer se han convertido en los casos perdidos de hoy, países cuyos activos se han evaporado, pero cuyas deudas siguen siendo muy reales. Y estas deudas son un lastre especialmente pesado porque la mayoría de los préstamos estaban expresados en monedas de otros países.

Y el daño no se limita a los prestatarios originales. En EE UU, la burbuja inmobiliaria se dio principalmente en las zonas costeras, pero cuando estalló, la demanda de bienes manufacturados, especialmente de coches, cayó en picado, y eso le ha pasado una tremenda factura al corazón del sector industrial. De forma similar, las burbujas de Europa se dieron principalmente en la periferia del continente, aunque la producción industrial de Alemania (que nunca experimentó una burbuja financiera, pero es el núcleo industrial de Europa) está cayendo rápidamente por culpa del hundimiento de las exportaciones.

Si quieren saber de dónde procede la crisis mundial, plantéenselo de esta forma: estamos contemplando la venganza del exceso.

Y el exceso de ahorro sigue estando ahí. De hecho, es mayor que nunca, ahora que los consumidores empobrecidos han redescubierto las ventajas de la frugalidad y que elboom mundial de la propiedad, que proporcionó una válvula de escape para todo ese exceso de ahorro, se ha ido al garete en todo el mundo.

Una forma de ver la actual situación internacional es pensar que estamos padeciendo una paradoja del ahorro a escala mundial: por todo el mundo, las cantidades que se quieren ahorrar superan a las que las empresas están dispuestas a invertir. Y la consecuencia es una depresión mundial que deja a todo el mundo peor de lo que estaba. Así es como nos hemos metido en este lío, del que seguimos buscando el modo de salir.

Paul Krugman es profesor de Economía en Princeton y premio Nobel de Economía 2008. © 2009 New York Times News Service. Traducción de News Clips.

Los funcionarios de Obama y la compra de activos tóxicos

No a la mística del mercado

IAR Noticias
Por Paul Krugman – The New York Times

Este lunes (23 de marzo), Lawrence Summers, el titular del Consejo Nacional Económico, respondió a las críticas contra el plan de la administración Obama de subsidiar las compras privadas de activos tóxicos. “No conozco ningún economista” -declaró- “que no considere una buenaa idea un mercado de capitales de mejor funcionamiento en donde los activos se pueden comerciar”.

Dejemos de lado por un momento la cuestión de si un mercado en el que los compradores deben ser sobornados para participar puede ser descripto realmente como de “mejor funcionamiento”. Aún así, el señor Summers necesita salir más. Muy pocos economistas reconsideraron su opinión favorable de los mercados de capital y el comercio de activos a la luz de la crisis actual.

Pero en los últimos días quedó cada vez más claro que altos funcionarios de la administración Obama todavía están sumidos en la mística de mercado. Todavía creen en la magia del mercado financiero y en la destreza de los magos que realizan la magia.

La mística del mercado no gobernó siempre la política financiera. EE.UU. salió de la Gran Depresión con un sistema bancario celosamente regulado, que convirtió a las finanzas en un negocio serio y hasta aburrido. Los bancos captaban depositantes ofreciendo localizaciones convenientes y hasta una o dos tostadoras gratis. Usaban entonces ese dinero para hacer préstamos y eso era todo.

Y el sistema financiero no era sólo aburrido. También era, para los parámetros actuales, pequeño. Aún durante la época del mercado alcista de los años 60, las finanzas y los seguros juntos representaban menos del 4% del PBI. La relativa poca importancia de las finanzas se reflejaba en la lista de acciones que integraban el promedio industrial Dow Jones, que hasta 1982 no incluía ni a una sola empresa financiera.

Todo suena primitivo para los parámetros de hoy. Con todo, aquel sistema financiero primitivo y aburrido servía a una economía que duplicó los estándares de vida durante una generación entera.

Después de 1980, desde ya, surgió un sistema financiero muy distinto. En la era Reaganiana de desregulación, el viejo sistema bancario fue reemplazado cada vez más por tejes y manejes a gran escala. El nuevo sistema era mucho más grande que el viejo régimen. Antes de la crisis actual, las finanzas y los seguros representaban al 8% del PBI, más del doble de la cifra de los años 60. A principios del año pasado, el Dow incluía ya en su listado a cinco empresas financieras gigantes como A.I.G., Citigroup y el Bank of America.

Y las finanzas se convirtieron en cualquier cosa menos en algo aburrido. Atrajeron a muchas de nuestras mentes más brillantes y volvieron a algunos enormemente ricos. Hipotecas subprime, deudas de tarjetas de crédito, préstamos para compra de autos, todo iba a parar a la juguera del sistema financiero. Y los magos financieros eran profusamente recompensados por supervisar ese proceso.

Pero los magos eran farsantes, lo supieran o no, y su magia resultó ser nada más que una colección de baratos trucos escénicos. Tarde o temprano, las cosas iban a salir mal y finalmente así fue. Bear Stearns quebró; Lehman quebró; pero lo más importante es que la securitización fracasó. Buena parte del plan de los activos tóxicos se centró en los detalles y la aritmética, y con razón. Sin embargo, más allá de ésto lo que sorprende es la visión expresada tanto en el contenido del plan financiero como en las declaraciones de funcionarios del gobierno.


Para ser justos, los funcionarios piden más regulación. Este jueves, Tim Geithner, el secretario del Tesoro, presentó planes para una mayor regulación que hubieran sido vistos como radicales no hace mucho. De todos modos, la visión que persiste es la de un sistema financiero más o menos igual al de hace dos años, aunque algo domado por las nuevas reglas.

Como podrán imaginar, no comparto esa visión. No creo que se trate nada más que de un pánico financiero. Creo que representa el fracaso de todo un modelo bancario, de un sector financiero demasiado grande que hizo más daño que bien.

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7 de Noviembre de 2009

Análisis Internacional

Europa Oriental: el fiasco del capitalismo de cátedra

Europa Oriental: el fiasco del capitalismo de cátedra


Sustituyeron la utopía comunista fracasada por la utopía del libre mercado, que predicaba el capitalismo de cátedra y que simbolizaba EE.UU., sistema que intentaron imitar. Creyeron que así finalmente la gallina pondría huevos de oro, que se transformarían en sociedades de consumo de masas, que se integrarían, incluso para trabajar, en el Occidente avanzado.

Por Iván Auger*

Recientemente se conmemoraron 20 años de la caída del muro de Berlín, emblema del supuesto fin de la historia. "Una crisis es una extraña manera de celebrar un aniversario", comentó Erik Berglöf, economista jefe del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD).

Cierto, los países ahora llamados "en transición" están entre los más afectados por la crisis cuyo epicentro fue la implosión de Wall Street y que provocó un tsunami en la economía mundial. Y, como dice la canciller Merkel, la unificación alemana todavía no está terminada, a pesar de un gasto de más de 1,5 billones de dólares (una cifra de 12 ceros).

De inmediato surgió la pregunta acerca de si el capitalismo fracasó como antes el comunismo. La respuesta de Martín Wolf, jefe de análisis económico del Financial Times, es no, algunos países en transición están en crisis, pero no la transición.

De inmediato, sin embargo, relativizó esa respuesta: la reforma es necesaria. La gran virtud de las democracias liberales con economías de mercado, agrega, es su capacidad de adaptarse. Lo han hecho antes y lo harán de nuevo. Y así metió en un mismo saco a las diversas versiones que entran en esa definición, desde el modelo nórdico al anglosajón, pasando por el desarrollismo asiático.

Sin embargo, la crisis no afectó con igual intensidad a todos los países, sino a unos más que a otros. En el caso de los países en transición de Europa Oriental, según el BERD, la caída del PIB será este año, en promedio, de 6,2%, la más alta en el mundo en desarrollo.

Las cifras varían, desde 18,4% en Lituania, 16% en Letonia, 14% en Ucrania y 13,2% en Estonia, a "sólo" 7,8% en Eslovenia, 6,5% en Hungría, 6,0% en Eslovaquia y 4,3% en la República Checa. Polonia es la excepción, crecería 1,3%.

La mayor o menor contracción se explicaría por el tamaño más alto o más bajo de la deuda externa y de la explosión del crédito interno, como lo sentenció a posteriori el BERD. Ahora bien, ¿por qué se endeudaron tanto esos países en transición?

Sustituyeron la utopía comunista fracasada por la utopía del libre mercado, que predicaba el capitalismo de cátedra y que simbolizaba EE.UU., sistema que intentaron imitar. Creyeron que así finalmente la gallina pondría huevos de oro, que se transformarían en sociedades de consumo de masas, que se integrarían, incluso para trabajar, en el Occidente avanzado.

A algunos de esos países les fue tan bien que fueron calificados, como a los admirados asiáticos, de "tigres" del báltico lo que entusiasmó hasta a un ministro de Hacienda chileno. Y así se sumó al céltico, Irlanda, y al nórdico, Islandia, que también tendrán caídas sustanciales del PIB este año, 7,5% y 8,5%, respectivamente. Todo ello gracias al crédito barato y al multiplicador financiero. El dinero fabricaba más dinero.

Así se olvidaron de la salud de la ponedora. Y al poco andar descubrieron que esos huevos de oro eran virtuales, acepción tres del diccionario, "que tiene existencia aparente y no real"

La pompa de jabón financiero estalló, y se esfumó de súbito la magia de la mano invisible del mercado. La sustituyó, de inmediato, la muy visible del Estado, incluso en los EE.UU. de Bush.

El valor total del socorro estatal mundial a la banca ha sido nada menos que de 14 billones de dólares, que es similar al PIB de EE.UU. (el mundial es de 60 billones). Eso es capitalismo de Estado concluyó Martin Wolf.

En esa tarea se ha distinguido Washington, que entre estímulos económicos, rescates financieros, garantías y seguros, ha reforzado la economía norteamericana con 80 mil dólares por habitante (el PIB per cápita es de 46 mil).

Si concentramos el problema en sanar el sistema financiero, como muchos aconsejan, habría que dejarlo a las vicisitudes del mercado, y para ello parcelarlo, no podría haber instituciones demasiado grandes para caer, o someterlos a una rígida y regulada tutela del Estado, como lo dice hasta el Financial Times.

La razón es muy obvia. No se puede socorrer a la banca con miles de millones de dólares mientras se abandona a millones de ciudadanos que pierden sus viviendas por no poder pagar las hipotecas. La privatización de las ganancias y la socialización de la pérdidas para los poderosos no son muy populares en democracia.

En el caso de los países en transición deberán disminuir la dependencia de la deuda externa y mejorar sustancialmente las regulaciones y supervisiones de sus sistemas financieros.

Con todo, ello, más los socorros de los organismos financieros internacionales, no son suficientes. Ni siquiera su país estrella en estos 20 años, Polonia, pudo mantener a sus hijos, que siguen emigrando por decenas de miles. Y el gásfiter polaco es la caricatura del inmigrante indeseable en Francia.

Como todos los países en desarrollo mediano, se encuentran encajonados entre los que tienen una economía basada en tecnología sofisticada y los que la tienen fundada en mano de obra barata. Para surgir, necesitan de una ingeniería social pragmática, a lo Popper, y no utópica como el fundamentalismo del mercado, y teniendo presente que toma su tiempo.

Educación de excelencia para todos, capacitación profesional, alentar la innovación, negociación y construcción de consensos entre el capital y el trabajo, cerrar los resquicios legales, en especial en materias tributarias y laborales, etc. es la fórmula repetida. Y, por supuesto, más ingenieros y menos gásfiters.

La otra opción que, por desgracia, comienza a asomarse en Europa, en especial en los países más afectados por la crisis, es el populismo derechista, que es tribal, patriotero y xenófofo. Es de esperar que esa nueva cara del fascismo no se enraíce en Europa.

Mientras tanto, los tigres asiáticos ahora prefieren llamarse dragones y aprender chino mandarín en vez de inglés.

*Iván Auger es economista.

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¿Sí o no?:
Al invertir, no sea víctima de la ''tendencia a la confirmación''

La mente es una máquina confirmadora que repite todo lo que usted quiere creer.

JASON ZWEIG

Uno decide que el oro es una buena apuesta para sortear la inflación y de repente aparecen señales de que los precios subirán más adelante. O se convence de que las acciones van a tener un mejor desempeño que otros activos y todo lo que escucha son advertencias sobre la sacudida que se les avecina a los bonos y commodities.

En resumen, su mente actúa como una especie de máquina confirmadora que repite todo lo que usted quiere creer. Los psicólogos llaman a este duende mental "tendencia a la confirmación". Un análisis reciente de estudios psicológicos con casi 8.000 participantes concluyó que la gente tiene dos veces más probabilidades de buscar datos que confirmen sus creencias que de considerar pruebas que pudieran contradecirlas.

"Somos mentalmente perezosos", dice el psicólogo Scott Lilienfeld de la U. de Emory, en Atlanta.

También es más fácil racionalizar que ser racional, cuanto más aprende uno, más se convence de que tiene razón. Gary Klein, un psicólogo en Applied Research Associates recomienda imaginar que uno mira en una bola de cristal y ve que su inversión se ha venido abajo. Luego, debe tratar de hallar las razones más convincentes que expliquen ese fracaso.

Otra técnica consiste en predecir las probabilidades de que su análisis sea incorrecto. Por ejemplo, imaginamos que calcula una probabilidad de 20% de que registrará un resultado adverso; eso equivale a decir que una de cada cinco veces no tendrá razón. Así, si la inversión fracasa, uno estará menos inclinado a empecinarse en probar que todavía tiene razón.

Antes de comprar, redacte una declaración de lo que le haría querer venderla. Si cualquiera de esas circunstancias acaba haciéndose realidad, la declaración por escrito hará más difícil fingir que no ha pasado nada o que no tiene que hacer nada en respuesta.

Expertos concuerdan en que luchar contra la tendencia a la confirmación es una lucha interminable. Pero si no puede vencer al duende en su propia mente, no podrá ganarle en el mercado.

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